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sábado, 26 de diciembre de 2015

Reflexiones para 2016

Estamos a unos añitos de completar los primeros 20 años del siglo XXI y es una buena oportunidad para hacer una reflexión sobre lo que hemos hecho en nuestras vidas porque hemos traveseado muchas décadas con igual cantidad de matices y entornos y ecosistemas sociales e ideológicos.


Gente viene y va, quien quiera quedarse es bienvenid@ y quien no, bueno, la puerta es enorme, sólo se requiere un reporte de los aprendizajes y una promesa de vuelta porque siempre se les extraña.

El aprendizaje no tiene matices. No hay buenas ni malas lecciones. Y debemos tener muy claro que nadie cambia, solamente aprende.

Quizás estos momentos de reflexión y nostalgia, y en algunos casos de dolor y estrés, sirvan para determinar qué clase de personas somos, si hemos dejado de lado los egos y perdonamos lo que sea, una afrenta, un malentendido, un sueño, un grito, o quizás hasta una película, un grupo, una canción, un lugar, una persona.

Perdonar y olvidar son la mejor medicina, y se sugiere en dosis diarias, exclusivamente cada vez que respiramos y exhalamos para volver a construir.

Todos tenemos muchas identidades, pero lo importante es no perder el estilo.

¿De qué nos sirven los odios? El odio sólo cansa. Que cada quien libre sus batallas sin hacer daño pero, mucho más, avisando si necesita cómplices para sumarnos todos.

Aquilatemos la distancia en tiempo y en kilómetros y, sobre todo, invitemos cuando se trata de gritar o llorar de alegría o, inclusive, de dolor e impotencia porque no estamos solos.

Abramos los brazos a quien llega y a quien se va para que siempre tengan lo mejor de nosotros.

Los muertos y los vivos desaparecen cuando los olvidamos. Hay que aprovechar lo que tenemos, lo que debemos, lo que nos obsequiaron aquellos que se han ido, físicamente y no. Seamos agradecidos.

Porque todos aquellos que han coincidido con nosotros en este ir y venir se llevan algo de nuestra vida.

Y si volamos hay que tender la mano por si alguien quiere acompañarnos en el viaje.

Abracen lo nuevo y a quienes se han ido para que vuelvan en la forma que sea. Con miedos y con sueños.

Por eso les digo a todos: ¡Gracias!


Bicho, 2015. 

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