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lunes, 9 de febrero de 2015

Backstreet Boys en México: razones para aplaudir

Oh, sí, los Backstreet Boys (BSB) vienen a México y con seguridad eso alterará las (dos) neuronas represivas (una es motriz), intolerantes y que adolecen de criterio de 99.9% de los hijitos de papá rock y papá guitarrazo (no tienen madre, por eso lo circunscribo). Afortunadamente, después de años de escribir sobre música como pluma y voz autorizada en distintos medios importantes, tengo la virtud de desconfiar de los rockers (patético adjetivo que, extrañamente, pero no contraviniendo su esencia, los hace sentir orgullosos) y sus gustos. Como ejemplo disecciono a los fanáticos ortodoxos de los bitles y el metal. A estas hordas las distingue no sólo la intolerancia sino una cerrazón de pena ajena y un dogmatismo producto y presa de sus propios miedos. No por nada se asegura tras el caso Napster que si los miembros de Metallica son cretinos imaginen a sus fans.

 Yo pregunto: ¿Qué tanto miedo le tienen al pop? Si nos ponemos doctos, el término pop desciende de “popular”, es decir, música y arte para el pueblo que en ocasiones no proviene precisamente del mismo pueblo (Andy Warhol y Billy Burroughs son el mejor ejemplo). Por ende, el rock es un departamento del pop y no se trata de géneros confrontados (a ver si de una vez les queda claro). Por ello certifico de nuevo que los bitles y Metallica son tan pop como OV7 (prescindibles pero buen ejemplo) y los BSB, aunque, claro, existen diferencias creativas, interpretativas y de alcance mundial en ventas y audiencia.

De acuerdo con una entrada de Wikipedia en 2012, entre los 100 discos más vendidos de la historia pop se encuentra Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band en el escalafón 14, por debajo de productos pop como Bee Gees, Whitney Houston, Shania Twain, Alanis Morrisette y Michael Jackson, mientras que BSB se coloca en el escalón 21 con Milennium. Siete lugares de diferencia. Oh, sí, claro, los bitles eran músicos y los BSB no, pero, ¿no acaso esto es un NEGOCIO que se mide en cuanto al éxito palpable de cada agrupación? (y quien diga que la música NO es un NEGOCIO tiene un lugar en la redacción de TVNotas). Si bien es cierto que los bitles son igualmente conocidos en Nueva York que en un pueblo de la sierra de Oaxaca, eso, en realidad, demerita el logro ya que en ese pueblo de Oaxaca, o de Kazajistán, no se conoce a los BSB. Ergo: en el mundo moderno el éxito de aquella boy band demuestra mayor prevalencia. Y todo esto sin dejar de señalar que gracias a Brian Epstein los bitles fueron una de las primeras boy bands de la historia. Es decir que entre las duplas Lou Pearlman-Max Martin y Brian Epstein-George Martin no existen diferencias porque ambas tenían en mente un NEGOCIO y adecuaron el repertorio y la imagen de ambas bandas, además de resguardar secretos como la prematura paternidad de Lennon y las adicciones de AJ (BSB) para no enturbiar dicho NEGOCIO.

Lovecraft señalaba que se teme lo que no se conoce, por ende, es asombroso que se le tema al pop como a la influenza sin saber ciertamente de qué se trata. En todo caso, musicalmente hablando, los bitles son un producto milagro.  

Hace unos años el líder de la desaparecida banda Dynamo, de México, me comentaba entre tarros de cerveza que le parecía curioso que El Bicho (yo), un analista de música que gozaba de reputación y vanagloriaba bandas imposibles como Minimal Compact, KMFDM y Escape with Romeo defendiera expresiones pop como BSB, Brandy, Monica, Justin Timberlake y Britney Spears dentro de las páginas de la revista Rock Stage, pero también aseguraba estar de acuerdo conmigo y mi teoría de la música como espectáculo de calidad. Calidad, abundó de acuerdo conmigo otra vez, de la que adolecen bandas cobijadas por un simple 4x4 de catadura vulgar como Creedence, AC/DC y The Eagles, entre muchos otros.

El problema, como señalábamos en entradas previas, es el cretinismo de quienes se consideran voces autorizadas cuando su umbral de sorpresa musical es menos amplio que el agujero de una ratonera (utilicen la analogía como más les plazca) y terminan vencidos por ese fanatismo que, como ya dije, es producto de sus miedos. Y esa cerrazón les impide advertir y reconocer que, guardando sus tiempos, tanto los bitles como BSB marcaron a una porción generacional. No obstante, la herencia bitle se gesta más por obligación o costumbre, mientras que quienes acudan al Auditorio Nacional a ver a BSB lo harán por simple gusto. Otra cosa peor es que los bitles, que se gestaron como un arquetipo de la contracultura, hoy son parte de la cultura tradicional, contraviniendo su esencia, mientras que los BSB, asépticos y culturalmente aceptados, mantienen dicho rango.

Ahora bien, jamás he criticado a los Beatles (ahora sí) como una de las bandas más arquetípicas de la historia, dueños de algunas canciones determinantes y plenos modelos a seguir en cuanto a creatividad e innovación, pero jamás voy a señalar que son lo máximo en la historia pop, porque han sido superados infinidad de veces inclusive por artistas previos como Elvis Presley y el mismo Ricky Nelson. E insisto, su pretexto para dejar de tocar en vivo respondía a no poder mostrar sus alcances en el escenario mientras que años después Dead Can Dance, en vivo, superó los niveles de interpretación de cualquier banda.

Y para colmo de sus adeptos, el mejor ejemplo de reconocimiento pop lo ha mostrado recientemente el mismo Paul McCartney al colaborar con artistas como Rihanna y Kanye West. No es raro en él, pero parece que sus fans, ofendidos, desean cortarse las venas mientras escuchan Yesterday y se preparan sus Froots Loops con leche.


En todo caso, BSB es un combo que, a pesar de que sus miembros rozan los 40 años de edad, tienen las amígdalas para retomar el mundo musical que alguna vez les perteneció con un producto (pro-duc-to, porque la música es un PRO-DUC-TO) que aún suena fresco y es especial, fino, de la mejor estirpe del R&B que pone a latir los corazones de aquell@s que también crecimos escuchando a los Beatles, pero que nos orientamos hacia el gusto por lo sencillo, franco, honesto y ordinario, algo que, al parecer, a los rockers les hace mucho ruido. No, señores, esto no es Metallica, pero como se ha dicho hasta el cansancio: en ocasiones, el silencio es más encomiable.

(Btxo, Coyoacán, 2015)

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