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lunes, 4 de enero de 2016

Ser o no ser... como José

Clonado de un meme italiano llamado Sii come Bill, Sé como José, de acuerdo con su autor, pretende, y no, ser una guía de comportamiento en redes sociales para reducir el troleo que tanto gozan quienes se ven rebasados por las posibilidades de una red social y no pueden contener su entusiasmo por darse a notar de mala manera.


En otras entradas ya hemos señalado de qué adolecen aquellos que ven en el troleo de un post o en el asalto de un muro ajeno su única forma de convivencia y que a su vez alimenta su muy pequeño umbral de autoestima.

A estas alturas ya todos habrán visto de qué va el buen José y lejos de comprender uno de sus significados, han comenzado a generarse imitadores que realizan específicamente lo contrario a los preceptos que pregona este tío.  

No obstante, más allá de los motivos por los que fue creado Sé como José, pueden leerse los resultados involuntarios de un experimento en redes sociales, principalmente en Facebook.

El perfil del buen usuario en FB y Twitter difiere en muchos sentidos pero guarda ciertos lineamientos de educación personal –que no de control porque se contrapondría a la esencia de internet– que permiten la fluidez de un verdadero diálogo de construcción y comunicación, motivo principal de las redes sociales.

En lo personal José no me cae bien, aunque sus razones sean plausibles en cuanto al respeto de creencias religiosas o de fe, no obstante, sí me parece prescindible, ñoño y mojigato cuando se trata de fundamentar el respeto hacia ciertos gustos personales merecedores de toda crítica constructiva.

Lo interesante de esto es, como decíamos líneas arriba, advertir la cantidad de trols que se han dedicado a ridiculizar a José como si se tratase del prefecto de la secundaria que parecería no merecer respeto porque él no pone calificaciones.

Y más aún, porque lo que en realidad está consiguiendo este meme es desnudar (más) el idiotismo crónico del usuario promedio.

No puede haber mejor representación de un ñoño o de un paria sin autoestima que la figura trazada de forma elemental con bolitas y palitos: tanto el ñoño como el trol carecen de chiste. Peor aún aquel enmascarado o ausente de efigie y personalidad que likea o comparte las publicaciones piratas de José o los nuevos personajes.

Así es que más allá del buen chiste y la ocurrencia, siempre necesarios en redes sociales, lo que tenemos frente a nosotros es un vertedero de vaguedad propiciado por la hipocondría del saber que se genera en Facebook a causa de las carencias intelectuales del usuario promedio.

Finalmente, el autor fantasma de Sé como José resultó un provocador nato que consiguió que muchos cayeran en su trampa. Y eso es, para el iconoclasta, delicioso. Si lo sabré.

Btxo, 2016. 

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