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martes, 20 de enero de 2015

Y el libro ya no da la cara

Seis años le bastaron a Facebook para convertirse en un lavadero, en toda la exquisitez de la palabra. Y más aún. Lejos de ser una ya una verdadera red social, aquel interesante patio de recreo que significó en 2008 se ha metamorfoseado en un escenario de acicate y vertedero de insulsas pasiones más allá del medio informativo que eslabonara aficiones, gustos y propósitos comunes.

La burla, el escarnio, la búsqueda del bullying cibernético, entre otros vicios, son la constante en un espacio en donde, escudados en una Fase 2 de la personalidad, los usuarios pretender ser aquellas personas que blanden eso de lo que, en realidad, adolecen. El peor escenario de Facebook es aquél en el que los usuarios, contraponiendo la esencia del nombre, no dan la cara.

Como se ha manifestado en otras entradas de este blog, es la aceptación en un mundo virtual lo que domina esta pretendida red social mientras que en la realidad los ostentosos son quienes mantienen una actitud outsider que no pueden sacudirse más allá de las ventajas de una ventana en blanco de la que pueden huir gracias al log off. ¿Por qué entonces el “no me gusta” se advierte como un comando aislado, lejos del dominio público?

Todavía recuerdo cómo, en 2008, la convivencia era de sombrero blanco, libre, abierta y consciente. El intercambio de inquietudes y el cruce de información enriquecían el bagaje de los usuarios. Inclusive, el jugueteo previo a la acuñación del trol era tan jocoso como inofensivo. Y conforme el escenario fue atiborrándose de usuarios, el espíritu dionisíaco que fomenta el acto en masa se desbocó en un uso irracional que permite lanzar la piedra y esconder la mano (ustedes perdonarán la frase hecha) ante cualquier publicación inofensiva. Más aún, el apogeo del troleo aupó la urgencia de ser admirados y aplaudidos, demostrando que, en la realidad, se troleaban ellos mismos.

Lo que los usuarios jamás tomaron en cuenta fue que, en la realidad, sus credenciales eran más que evidentes para sus “amigos” o “seguidores”. Es decir que, tanto en Facebook como en la vida real, su biografía era evidente, así que los disfraces carecían de propósito. Los efectos especiales se cebaban antes de accionar.

Algo que tampoco se tomó en cuenta fue que la realidad únicamente se aparecía en los Inbox. Ridículo resulta advertir que la urgencia y la necesidad por interactuar de forma seria brotan en la intimidad y no ante el ojo crítico de los demás. Ah, esa no se la esperaban.

Todavía recuerdo con gran gozo los domingos por la mañana cuando, muy temprano, revisaba el muro y encontraba a uno y otro contacto desmañanado compartiendo cualquier cosa, banal o interesante, sin afectar a terceros. Aquello era producto de la curiosidad y la tranquilidad proponía charlas impecables. Hoy en día, los domingos por la mañana se atiborran de imágenes que hacen una ostentación perenne y deleznable del alcoholismo de los usuarios. Y más todavía, porque aún quedaban rastros del llamado drunkenpost.

Hoy en día, las borracheras, el número de cubas, churros de mota, ácidos y kilómetros recorridos tienen el mismo significado. En la urgencia de la notoriedad no existen parangones. Qué pena. La abolición de las raíces, la pretensión, la mala ortografía, la negación de la idiosincrasia, el estallido de las carencias, el chiste malo, el chiste vulgar, la imagen machista son las publicaciones que más likes acumulan en un día.

Gracias a un experimento –poco necesario– advertí que los posts con dicha referencia aventajaban a aquellas publicaciones inteligentes que pretendían, sencillamente, informar.

Es por ello que, después de siete años, y tras obtener algunas satisfacciones (como conocer grandes amigos, reencontrar amistades, viejas relaciones, etcétera), mi muro dejará de publicar consecuencias personales y se convertirá en un segmento informativo para quien le interese.

Quienes promueven el conocimiento, la convivencia y el intercambio de ideas seguirán recibiendo likes y respuestas que promuevan el diálogo. Ustedes saben quiénes son y tienen todo mi respeto, no obstante, me retiro de una red social que no ha sabido ser utilizada para un bien común.

(B7XO, Coyoacán, 2015) 

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