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lunes, 6 de julio de 2015

El espejismo del saber en Facebook

Mientras más rápido hagas las cosas después tendrás más tiempo para perder. La velocidad de la información (término en desuso tanto como “red de redes” o “carretera de la información”) ha permitido que las cosas se hagan de inmediato sin importar el resultado. Por ende, los usuarios tienen más tiempo para entretenerse en otras cosas y “creer” que su sabiduría aumenta conforme van almacenando datos.


Para quienes ostentan esta patología, que aún no se sabe si tiene nombre, no podía existir mejor escenario que Facebook. Sí, Mark Zuckerberg esbozó un plan a futuro a partir del primer embrión de su juguete. La inteligencia de este maestro le permitió crear un núcleo del cual se disparan aristas que con el tiempo dejan de estar vacantes para “mejorar” la experiencia del consumidor a través de una mejoría en la usabilidad, o bien, gracias a la adhesión de nuevas aplicaciones.

La egolatría desbocada, tan llevada y traída en redes sociales como Instagram, en la forma de una selfie, no es sino producto de una autoestima mínima que de la imagen pasa a la palabra por medio de la presunción de la estética cuando se tiene hambre de “Likes”.
Hijos de Google, Wikipedia y Taringa, los usuarios menos enterados absorben sin freno tiras y tiras de datos como los que emitían los viejos teletipos y para qué. Para resumir su consumo de información en compartir un meme que, encima, ellos no fabricaron. O bien, tratando de demostrar su “conocimiento” al responder un comentario con información que, ellos creen, es más acertada, o mejor.

No, las redes sociales no son una competencia.

Hace poco alguien se atrevió a criticar la participación de bandas de culto como The Psychedelic Furs o The Charlatans UK en el próximo Corona Capital, sin saber que 60% del sonido típico de las bandas que acuden a dicho festival le deben su esencia, en gran medida, al estilo que fraguaron aquéllas.

-¿Por qué no los conozco entonces?

-Porque aún no habías nacido.

Si nos apegamos a la descripción del escritor Richard Dawkins, un meme es un ejemplo informativo y cultural que puede transferirse entre personas o generaciones. “Informativo y cultural”, algo que los replicantes de memes ajenos aún no comprenden, aunque, en efecto, sí revela mucho de su pobre nivel cultural como resultado orgánico de su entorno.
Dicen por ahí que “por sus likes los conoceréis”.

La cantidad de información inmediata ha ido afectando a las nuevas generaciones porque les impide el análisis y, por ende, desarrollar métodos de comunicación efectivos y enriquecedores, y ha engendrado en ellas el gen de un autoritarismo que solamente tiene impacto entre sus iguales y en las redes sociales.

Si la idea es evolucionar, estamos dando vuelta en U.


No se trata de saber usar los motores de búsqueda y mamar información como becerros deshidratados para montarse en el tren de la tendencia sino de darle un buen curso al conocimiento.  De otra forma, la imagen que en el futuro se verá de estos tiempos será la de un cavernícola con un tostador en las manos. Todo eso vuelto un meme. 

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