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jueves, 14 de junio de 2012

Nocaut


La soledad no importa siempre y cuando no hayas conocido la felicidad acompañada. A veces siento que te tengo y de pronto te esfumas entre mis dedos. Y uno siempre piensa lo peor. Te acostumbras. 

La manutención del vicio es cerrar los ojos y mirarte. En trozos. Eres un rompecabezas que se da en dosis, siempre presumiendo el costado que mejor despertó esa mañana. No obstante, te conozco más de lo que crees, más allá de lo que las piezas comienzan a dibujar sobre la mesa. Luego viene el ventarrón. Y te vas. 

Casa te necesita. Añora con rabia ese corazón extra latiendo con paso cachaco y esa risa atrapada que aún se estrella contra las paredes sin hallar un hueco por donde salir. Aunque no lo busque. 

Los segundos son el humo del cigarro que se consume. Se alargan, evitan la física del tiempo. Luego me los trago y los vuelvo a expulsar, para que se repitan, para que la escena de espera nunca termine. 

El espejo me muestra a aquél que no soy yo, y sonríe. 

Diques, tus recuerdos son diques para poder cruzar el mar de la indiferencia. 

Luego te dibujo, con los últimos dedazos de humo, antes de consumirme. 
(13 de junio, 2012)

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