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lunes, 9 de noviembre de 2015

Encima de los cerros. El drama de Santa Fe

La desgracia que viven decenas de familias en Santa Fe –hoy conocida ya como “Santa Fue”– debido a los deslaves ha permitido que afloren los sinsentidos más característicos de la ciudadanía orientada hacia el desprecio.

Tal y como los hipsters sobrellevan –mas no padecen– términos ofensivos y una actitud beligerante, los habitantes de Santa Fe son hoy protagonistas de lo que se conoce como resentimiento social.

Andanadas de tuitazos y memes cargados de desprecio han salpicado las redes sociales bajo el lema de: “se lo merecen por ricos”.

Lo más curioso es que dichas expresiones de desprecio provienen de aquéllos que profesan una presunta preocupación social, como si la justicia y el derecho fuesen privativos de quienes menos tienen. Los ricos también lloran y sufren más allá de la devaluación. A los ricos también los engañan y no por ello son menos susceptibles a la atención de la lucha social.  

Cosa curiosa. Cuando un fenómeno natural o las consecuencias de un engaño afectan el patrimonio de los pobres de inmediato se organizan las brigadas para exigirle al gobierno que restituya los bienes aunque la correlación sea indirecta. ¿Por qué en este caso debería ser diferente?

Esto sólo demuestra, más allá del resentimiento social, que la sociedad mexicana, en general, es ignorante y displicente y reacciona por instinto, como los animales salvajes. ¿En qué texto se describe que el que más tiene no es pueblo?

Si los chairos estudiaran un poco de historia sabrían que dos importantes movimientos sociales como el del 68 y el Yo Soy 132 se gestaron en las aulas de la Universidad Iberoamericana, hoy vecina de la “zona cero” de los deslaves. Y más aún, porque si hubiese memoria, se recordaría que tras los sismos de 1985 la Universidad Iberoamericana, ubicada entonces en el sur de la ciudad, sufrió tales daños que motivaron su mudanza a Santa Fe.

¿Por qué entonces desdeñar a quienes más tienen?

Los vecinos de Vista del Campo, en Santa Fe, son víctimas de la corrupción tanto como los habitantes de la delegación Álvaro Obregón, por el rumbo de Mixcoac, cuyas casas fueron edificadas sobre minas que hace unos años comenzaron a colapsar.

Claro, a quién se le ocurre comprar un departamento de millones de pesos sobre un cerro sin base sólida, tanto como a aquéllos que edificaron sobre un cerro plagado de minas agotadas. Todos somos culpables pero, al mismo tiempo, se trata de hacer bloque, ¿no es cierto?

(B7XO, Coyoacán, 2015)

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