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miércoles, 13 de julio de 2016

La insoportable levedad del… offside


“Hay quienes no heredan otra cosa que el adorado nombre de un equipo.”
― Juan Villoro, Balón dividido

Sé qué es un fuera de lugar pero juro por los dioses del estadio que no hallo las palabras correctas, sin recurrir a Wikipedia, para describir la regla. Solamente sé que el jugador está en fuera de lugar cuando en el momento que un compañero lanza el pase no hay otro hombre entre aquél y el portero.


El futbol es mejor que la vida misma porque allá sí se marca el fuera de lugar. Si contáramos las veces que en la vida hemos estado fuera de lugar… La desventaja es la ausencia del árbitro en la vida. Nadie tiene un Pepe Grillo solvente, digamos como un Pierre Luigi Colina, para advertirnos que estamos en mala posición y que lo mejor es recular.


Hace poco hablaba de los apasionamientos ajenos, aquéllos que no forman parte de nuestra idiosincrasia pero que de cualquier manera intervienen en el ánimo.

El futbol es mejor que la vida misma porque allá no es mal visto burlarse del desamparado o el imbécil. En la reciente y más jocosa eliminación de México en la Copa América se sufrieron los primeros tres goles y los cuatro restantes ayudaron a incrementar el goce vía la cara de consternación de Memo Ochoa; a cada nuevo gol una carcajada cada vez más estruendosa y ese rictus de resignación ante el ridículo desplome de los muchachos. De los once de la tribu, como diría el buen Juanito Villoro. Es decir que el futbol nos enseña a reírnos de nosotros mismos. Es un vodevil. Una puesta en escena. Una opereta con tragedia y villanos y víctimas que se revivirá, con jocosidad, en la sobremesa. Para los amantes de las estadísticas, está claro que el líder en asistencias para Chile en toda la copa fue Memo Ochoa.

En mi vida con hincha del futbol y de los Pumas de la UNAM (imposible evitar la referencia) he sido testigo de goleadas históricas a favor, en contra y ajenas, pero siempre disfrutando el juego y la cantidad de veces que se agita la red.


A mis ocho años disfruté como nunca el 10-1 de Hungría a ElSalvador; glorioso ver cómo los húngaros despedazaban al equipo que nos había dejado fuera de España 82 (ya se me daba el odio, pero pues los centroamericanos jugaban con cocos, creo). En México 86 vitoreé con ganas el Dinamarca 6 – 1 Uruguay, a pesar de que con éstos jugaba Enzo Francescoli pero con aquéllos lucían Soren Lerby, Preben Elkjaer, Morten Olsen y Michael Laudrup, aunque éstos después sufrirían contra España arrancándome lágrimas infantiles.

Vi a Pumas meterle cuatro a Cruz Azul en la final 80-81; siete a Chivas y ocho a Veracruz en la época moderna y, sobre todo, uno de los partidos que más he disfrutado: Pumas 4 – 3 Celaya, con Hugo Sánchez, Michel, Burtagueño y Schuster en la cancha del estadio México 68. Recientemente vi a Alemania ensartar siete en la cabaña de Julio César (Brasil) en Brasil 2014.

La belleza del futbol radica en la manera como agobia a próceres y detractores: todos odian al futbol o todos somos directores técnicos. La diferencia está en que los detractores están pendientes y los próceres lo hacemos con gusto. La diferencia entre ambos bandos se orienta también por esa máxima que reza: “no puedes criticar al futbol si en tu vida has pateado un balón de forma organizada”.

Después de 13 años de jugar al futbol de manera organizada me convertí en DT improvisado, junto con mi padre, del equipo de niñas de la escuela de mi hermanita, y después, en solitario, llevando las riendas de los Coyotes de Coyoacán. También escribí un volumen de cuentos de futbol y en general siempre he sido gran entusiasta y no le temo a ninguna clase de encuentro, sea llanero o de Champions. Ya ni hablar de las broncas dentro y fuera del campo para defender tus colores.

Y lo mismo ocurre en cada deporte, sólo que otros deportes en México, salvo el béisbol, no cuentan con el arraigo suficiente para que la sangre mestiza te hierva porque defender la franela de tu equipo se equipara con tomar las armas por tu patria o tu familia.

Hay dos organizaciones que me sacan ronchas por ser erigidas, más por la fuerza de la tradición y los medios, como referentes: el Club América y los Beatles. No obstante, no tengo en mente discutir con mis amigos beatlemaniácos o americanistas (vaya que tengo muchos) nada más porque aquéllos están sobrevaluados y los otros compran campeonatos.

El futbol es un espectáculo cuya adrenalina dura 90 minutos, o más si hay tiempos extras o penaltis, pero después de eso la vida sigue.


Alguna vez, recién casado, dispuesto a ver en familia con mi entonces esposa y mi hijo recién nacido un Pumas-América, salté a la calle enfundado en mi remera auriazul rumbo al supermercado para armarme de un six y botanas, y fui interceptado, debajo del puente de División del Norte y Río Churubusco, por un camión de la Monumental que entre cantos fachos frenó su carrera y yo, de plano, vi pasar mi vida en 10 segundos. Por fortuna, de la playa de la Alberca Olímpica aparecieron, enviados por alguna divinidad, me cae, a un grupo de… No quiero exagerar pero decenas de pumas que me arroparon y repelieron la agresión a palazos y pedradas. Llegué a casa riendo, quizás por puro nervio, pero emocionado por semejante acción de territorialidad. Sin quererlo estaba en fuera de lugar.

En dos días comienza el torneo de Apertura 2016 de la Liga MX y veo cómo los equipos, en la medida de sus posibilidades, van armándose. La pretemporada los tiene duros de músculo, han presentado las armaduras y la expectativa crece.

Chivas innova con su servicio de streaming, algo legal dentro de los negocios pero que al parecer no conduce a nada bueno con su afición; Puebla modificó su estadio y presentó un nuevo concepto de escudo, muy bonito; Pumas se arma con tijeritas y Pritt pero tiene como referente al Gatillero “Kiss” Palencia; América siempre genera animadversión y Cruz Azul, bueno, esperemos que remonte su leyenda.

Por ello invito a disfrutar. No, el futbol, por más que los chairos clamen que es pan y circo, es referencia en la idiosincrasia del país y significa un momento de relajación porque, con futbol o sin él, la política seguirá siendo un asco. Para la mayoría su equipo es identidad y exacerba el sentimiento de pertenencia. ¿Por qué no? ¿Por qué en las preferencias culturales y musicales y literarias no se percibe ese rechazo al gusto de cada persona? ¿Porque son tradiciones oficiales en donde el gusto personal impone?

No se alejen, detractores, porque como dice Juan Villoro: “todo comienza con el taco de ojo”. Si no, estarán en fuera de lugar.

¡Pumas gol! Por cierto.


Mi Dream Team:
Portero:
Santiago “Dragón” Cañizares
Defensas:
Guadalupe Castañeda
Paolo Maldini
Rafael Márquez
Roberto Ruiz Esparza
Medios:
Lionel Messi
David Beckham
Ronaldinho Gaucho
Delanteros:
Preben Elkjaer
Diego Armando Maradona
Éric Cantona


B7XO, Coyoacán, 2016





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