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sábado, 23 de febrero de 2013

Intersecciones



Capítulo 2: Buenas noticias

Durante un tiempo quise ser un hombre de conocimiento, pero hice todo lo contrario y me volví periodista. Los periodistas somos esa raza de humanoides que creemos conocer la verdad de todo y por eso nos atrevemos a contarla, aunque no se nos pida nuestra opinión.

Una vez creí que para contrarrestar mi trabajo sucio como analista político en una revista de corte chayotero lo mejor sería fundar un periódico que solamente publicara buenas noticias. Nada de descabezados ni bombas que estallan dentro del subterráneo, o guerras en países que viven de la guerra. Para algunas cultura le beligerancia es cosa de todos los días, pero nosotros qué culpa tenemos. Por supuesto que no lo hice, y tome esa decisión después de realizar una encuesta, un análisis de campo que me entreveró un sinfín de inconvenientes, capitaneado por una triste verdad: a nadie le gustan las buenas noticias, a menos que tengan que ver con ellos mismos. Y francamente no iba a publicar que doña Naborita va a ser bisabuela, o que a don Celestino le subieron el sueldo. Bah. Qué chasco. Ahí van mis buenas intenciones. 

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